Derechos de autor?
Estoy completamente obsesionado con los derechos de autor, cuando las canciones que componía comenzaron a escucharse fuera de mi país natal, el hecho de que las creaciones de un artista fueran respetadas como cualquier propiedad privada, no solo me llamó la atención sino que me ha cambió la vida y me ha hecho posible llegar hasta aquí como músico viviendo una modesta vida haciendo lo que más me gusta y rodeado de la gente que más quiero en el mundo.
Como es que una canción es tuya si se parece a otra?, cómo es que “Every breath you take” es solo de sting si lo que más recuerda la gente del track es el riff de Andy summers?, como es una melodía se parece a otra y nadie dice nada?, quién decide si te copias una canción o no?, como es que una canción la puedes registrar solo con el nombre y sin una partitura o grabación que la respalde?, como nadie sabe lo que es un publishing en Venezuela?.
Los trámites que viví en mi pais para registrar mis primeras canciones en SACVEN fueron tan tormentosos como cualquier diligencia otra burocrática de las que aborrecemos en nuestra vida, cuando grabe mis primeras maquetas hice 7 viajes a SACVEN y aun así no pude registrar nada. Razón por la cual los amigos firmamos “A typical and autoctonal Venezuelan dance band” con EMI Venezuela, y yo ni siquiera pestañé cuando leí la parte del contrato en la que ellos se harían cargo de mis derechos de editoriales . Sin entenderlo, estaba regalando mis canciones con una sonrisa en la boca, feliz de que más nunca tendría que pisar SACVEN.
“Nada que decir”, “Acid jazz de las mujeres locas”, “Boogaloo pa los panas”, “Pelusa”, en fin…todas esas vivencias convertidas en canciones que tanto significan para este servidor, pertenecen a una disquera que hace años cerró sus oficinas en Venezuela. Un contrato estándar para los cánones venezolanos. Yo que iba a saber?, quien me iba a aconsejar?, donde se leia de eso?, en la biblioteca nacional?
Cuando los amigos firmamos con Luaka bop, nuestro entonces manager Alberto Cabello y los dueños de la disquera nos hablaban de los derechos de autor con una seriedad. David Byrne me convenció de que mis derechos de autor serían mi más importante pensión de jubilación y que no se regalaban a nadie. Tomas Cookman negoció nuestro contrato editorial de una manera que me dejó con la boca abierta, como si estuviera negociando una casa que me albergaría por los próximos 50 años. Hoy día, el dinero editorial de esas canciones es el único dinero que reciben los amigos cuando graban un disco.
Las disqueras venezolanas si saben de derechos de autor, los que no saben somos los músicos, y es por eso que quiero comenzar a escribir en esta página al respecto, pues no está como muy justo que los músicos regalen sus experiencias y su talento así tan fácil.
Cada día escucho historias acerca de músicos encandilados con promesas de estrellato, giras mundiales, canciones en carteleras que firman los contratos sin leer, sin saber, sin pensar. Yo no soy un abogado, pero me encantaría contar cosas y que ustedes opinen. Desde hace tiempo me he ofrecido como amigo a leer contratos de otros músicos y amigos; algunos me han hecho caso, otros no; algunos me aman porque les pedi que no saltaran a un precipicio, otros no me hablan porque piensan que les hice perder la oportunidad de sus vidas y que más vale un año de esfuerzo regalado en pro de salir a tocar que un disco clásico metido en un disco duro. Cuestión de opiniones, por eso quiero abrir un debate, para aprender y compartir experiencias.
Por ahora mi único consejo importante, (IMPORTANTE COÑO!!!), es el siguiente: “TODO LO QUE HAGAS, ESCRIBAS O TOQUES ES TUYO HASTA QUE FIRMES ALGO QUE DIGA LO CONTRARIO”, no importa si la grabación la pago Al Capone, el dueño del estudio, el panadero o tu hermana, esa grabación es tuya y nadie puede usarla legalmente a menos que firmes lo contrario.